jueves, octubre 19, 2006

Pitufos, una historia escalofriante. II Parte

Muy bien a pedido del gran público, continuo con la segunda parte de la historia.
¿Cómo puedes darte cuenta el peligro que puede conllevar un hecho cotidiano? ¿Qué indicios son aquellos que te pueden revelar una posible desgracia? Cuando nada extraordinario ha sucedido, cuando todo es absolutamente normal.
Lucía ( la llamaremos así, para no revelar su verdadero nombre, que por supuesto, ni yo conozco) como decía, Lucía una niña de unos 7 años, era como cualquier niña de su edad: jugaba con Barbies y Nenucos, miraba la tele, iba al colegio, una vida de lo más sencilla. Los padres no saben precisar con exactitud el día que comenzaron las pesadillas, pero si recuerdan la intensidad, los gritos y la periodicidad de las mismas. Que una niña de 7 años tenga pesadillas nocturnas, no es tan raro, muchos niños a esa edad las tienen, por esa razón cuando estas comenzaron, sus padres no le dieron mucha importancia. Acudían a sus gritos, la abrazaban y se quedaban a su lado hasta que volvía a dormirse. Después de tres o cuatro noches de pesadillas, los padres, agotados por la falta de sueño, decidieron acudir a un médico, que luego los derivó a un especialista, y así comenzó un largo peregrinaje de estudios y demás prácticas de métodos de lo más variopintos para controlar las pesadillas. Nada de lo que hacían daba resultado, es más daba la impresión de que el problema se agravaba. Una noche las pesadillas cesaron. Exactamente después de ocho días fue la primera noche que Lucía no gritó, ni sudores fríos corrieron por su rostro. Sus padres exhaustos por tantas noches en vela, durmieron profundamente. El desastre los esperaba por la mañana cuando al ir a su habitación la encontraron sin vida. Al principio parecía dormida pero al acercarse notaron algo extraño, su cuerpo parecía de papel, como una funda vacía de almohada, algo les hizo girar la cabeza hacia atrás, y por primera vez en esos ocho días raparon en el Pitufo de peluche gigante que Lucía tenía en un rincón de su habitación, (que algún inconsciente le había regalado) se acercaron a él y notaron un orificio en su boca. Algo le colgaba, al tirar el espanto los paralizó. Lo que sobresalía de la boca del Pitufo gigante eran las vísceras de un cuerpo humano, todo el Pitufo estaba relleno de estas vísceras, probablemente eran las de Lucía.

Bueno esta es la historia, quería ilustrarla pero a pedido de mi hermana pequeña, no lo hice, se sorprendió al encontrar esto escrito en mi blog y la pobre aún está un poco sensible al recordar esos momentos tan amargos de su niñez y no quiso que haga ningún dibujo al respecto. Que va a ser, sigue siendo mi hermana pequeña.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

que horrible! la historia es peor de lo que me acordaba :(

adriana juárez dijo...

Me alegro haberte traído tan gratos recuerdos de tu infancia :)
Saca una cuenta en blogger, así no apareces como el usuario anónimo

Anónimo dijo...

jajaja
esa pitufina es tan fea que ni la puedo ver!!!

ana_chill dijo...

por suerte llegue a tu blog cuando estaba ya escrita la 2da parte... me hubiera quedado con mucha intriga!!
nunca habia escuchado historias de los pitufos mas que la version de que eran malditos...quien no le tendria miedo al escuchar esa historia con 7 años!!